La arena decide el sexo de las crías de la tortuga amazónica

Cincuenta días de incubación pueden definir el futuro de una población entera. Durante ese período crítico, la temperatura de la arena determina si las crías de la tortuga amazónica, Podocnemis expansa, nacerán machos o hembras.

Una investigación de largo plazo del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia, INPA, está desentrañando los complejos secretos del comportamiento de nidificación de esta especie emblemática en las playas de los ríos amazónicos. El trabajo también muestra cómo las fluctuaciones climáticas están alterando el equilibrio poblacional.

El estudio es conducido por el Programa de Investigaciones en Conservación y Manejo de Tortugas del INPA, que monitorea áreas clave de desove en ríos como el Solimões y el Purus. El objetivo es entender cómo la Podocnemis expansa, la mayor tortuga de agua dulce del continente, escoge sus lugares de nidificación como respuesta al pulso estacional de los ríos.

La arena como incubadora natural

La nidificación de la tortuga amazónica es un evento sincrónico y masivo conocido como “arribada”. Miles de hembras suben a las playas de arena blanca que quedan expuestas durante la estación seca para depositar sus huevos. La concentración de nidos funciona como una estrategia evolutiva para saturar a los depredadores naturales.

Sin embargo, esa estrategia está quedando expuesta a nuevas presiones ambientales. La investigación del INPA indica que la selección del lugar de nidificación no es aleatoria. Las hembras buscan áreas con características específicas de granulometría de la arena y, fundamentalmente, con niveles adecuados de humedad y temperatura.

Para acompañar lo que ocurre bajo la superficie, el equipo del INPA instaló registradores automáticos de datos, conocidos como data loggers, a diferentes profundidades en los nidos monitoreados. Los sensores recogen información cada hora durante todo el período de incubación, lo que permite observar las variaciones térmicas dentro de cada nido.

A diferencia de los mamíferos, el sexo de esta tortuga es determinado por la temperatura. Este mecanismo recibe el nombre de Determinación Sexual por Temperatura, o TSD por su sigla en inglés. Temperaturas superiores a 31 °C producen predominantemente hembras, mientras que temperaturas inferiores a 28 °C producen machos.

La zona de transición, en la que nacen individuos de ambos sexos, es muy estrecha. Por eso, pequeñas variaciones en el ambiente de incubación pueden modificar de manera importante la proporción sexual de una generación.

Calentamiento, sequías y crías más feminizadas

Los datos de la investigación del INPA señalan una tendencia preocupante. El calentamiento global y las sequías más prolongadas en la Amazonia están elevando la temperatura promedio de las arenas de las playas de desove.

El resultado puede ser una producción desproporcionada de crías hembras, un fenómeno conocido como feminización poblacional. Si esa tendencia se mantiene, puede comprometer la viabilidad genética de la especie a largo plazo.

El clima también afecta el calendario reproductivo. Las investigaciones del INPA confirman que el pulso de inundación de los ríos regula el ciclo de reproducción de la tortuga amazónica. Las hembras nidifican en playas de ríos de aguas blancas, ricas en nutrientes, y durante la creciente migran hacia ríos de aguas negras o lagos aislados para alimentarse.

En esos ambientes remotos, la productividad de frutos y semillas es menor, pero también es más baja la depredación. El ciclo depende, por lo tanto, de una combinación delicada entre la aparición de las playas, la disponibilidad de alimento, el nivel de los ríos y la temperatura de la arena.

Los cambios en los regímenes de lluvia, intensificados por El Niño y por las transformaciones climáticas, están desajustando ese ciclo. Las crecientes repentinas durante la estación seca, conocidas como “repiquetes”, pueden inundar playas enteras y ahogar los huevos antes del nacimiento de las crías.

Las sequías extremas producen el efecto contrario. Pueden sobrecalentar la arena, matar embriones o provocar una feminización excesiva. El Imazon advierte que la degradación forestal en las cabeceras de los ríos altera el régimen hídrico y vuelve más imprevisibles las crecientes y las sequías.

La salud del bosque en pie está directamente relacionada con la estabilidad de los criaderos de playa de la Podocnemis expansa. La especie depende de un paisaje conectado, en el que los ríos, los lagos, los bosques y las playas cumplen funciones diferentes a lo largo del año.

Rutas que atraviesan toda la Amazonia

Para complementar los datos obtenidos en tierra, el INPA, en asociación con instituciones como el ICMBio y la UEA, inició el rastreo satelital de hembras adultas. Dispositivos de telemetría fueron fijados en los caparazones de las tortugas poco después del desove, permitiendo seguir sus rutas de migración posteriores a la nidificación.

La tecnología reveló movimientos inesperados. Algunas hembras recorren cientos de kilómetros hasta llegar a áreas de alimentación en lagos de várzea y de igapó remotos. El seguimiento también mostró una fidelidad notable a determinadas rutas y playas de desove.

Conocer esos caminos es esencial para crear corredores de conservación que protejan a las tortugas no solo en las playas, sino en todo su hábitat. Una protección limitada a los nidos dejaría expuestas las etapas de migración y alimentación que sostienen la reproducción.

El Museo Paraense Emilio Goeldi, MPEG, colabora en el análisis de los datos genéticos de las hembras rastreadas. El objetivo es entender la conectividad entre poblaciones de diferentes cuencas hidrográficas.

La Podocnemis expansa no reconoce fronteras estatales. Por eso, su conservación exige estrategias integradas en toda la Panamazonia, con acciones capaces de acompañar los desplazamientos de la especie entre playas, ríos, lagos y bosques.

Comunidades que protegen los nidos

Frente a esas amenazas, la investigación del INPA fundamenta programas de manejo comunitario considerados esenciales para conservar la especie. En muchas regiones, comunidades ribereñas que antes recolectaban huevos se convirtieron en guardianas de las playas.

Esas comunidades protegen los nidos contra depredadores, incluidos los seres humanos, monitorean la temperatura y hasta construyen estructuras artificiales de sombra. La intención es reducir el calentamiento de la arena y equilibrar la proporción sexual de las crías.

Los informes publicados en Nature y Science refuerzan que el manejo basado en la ciencia y en la participación comunitaria es la estrategia más eficaz para la conservación de la fauna amazónica.

La tortuga amazónica es un recurso vital para las poblaciones locales. Su preservación también es una cuestión de seguridad alimentaria y de soberanía ribereña, porque la relación entre las comunidades y los ríos depende de la continuidad de los ciclos naturales.

El futuro de la Podocnemis expansa depende de la capacidad de escuchar lo que muestran los datos del INPA y la propia arena de las playas. Cada registro de temperatura, cada ruta identificada y cada nido protegido ayuda a revelar la vulnerabilidad de una especie que durante miles de años sincronizó su reproducción con los ríos.

Proteger los nidos significa proteger la continuidad de uno de los linajes más antiguos de reptiles del planeta. En las playas amazónicas, la arena guarda tanto las crías que están por nacer como una señal de la resiliencia de la Amazonia.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia

Anne Silva
Editor, English Edition — Amazonia Mag

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