El uirapuru verdadero, Cyphorhinus arada, es un ave pequeña de la selva amazónica que ha inspirado leyendas, grabaciones de campo e incluso música de concierto. Pertenece a la familia de los troglodítidos, Troglodytidae, la misma de los chochines. Las descripciones de la especie indican que mide unos 12,5 centímetros y pesa entre 18 y 24 gramos. Es difícil de ver, y su fama se debe casi por completo a su voz.
Sobre esa voz circulan dos ideas. La primera es que tanto machos como hembras cantan. La segunda es que el ave canta solo 15 días al año y calla el resto del tiempo. La primera idea está bien respaldada. La segunda proviene de relatos populares que la literatura técnica no confirma por completo, y conviene examinar de cerca la diferencia entre ambas.
Quién canta y cómo
Según Birds of the World, la base de datos ornitológica del Laboratorio de Ornitología de la Universidad Cornell, el uirapuru verdadero está bien nombrado por un canto muy musical, producido por machos y hembras. Las descripciones de la especie registran parejas que cantan de forma alternada, en silbidos claros que varían mucho de altura. El canto es un dúo en el sentido más simple de la palabra: dos aves que se turnan.
La misma fuente describe un ave de selva primaria que forrajea sobre todo en el suelo, a veces acompaña enjambres de hormigas legionarias y vive en baja densidad. Seguir a las hormigas legionarias es una estrategia común entre las aves del bosque, porque las hormigas hacen salir a los insectos de la hojarasca. Una especie de baja densidad que se mantiene en el suelo del bosque es también una especie que se oye mucho más de lo que se ve, lo que ayuda a entender por qué su canto pasó a ocupar un lugar central en su reputación.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la UICN, clasifica la especie en la categoría de preocupación menor. Esa clasificación se refiere a la especie tal como se entendía cuando se hizo la evaluación, un punto que cobra importancia más abajo.
La ventana de 15 días: lo que se sabe y lo que no
WikiAves, la plataforma brasileña de registros de aves, indica que la especie suele cantar solo en la época de apareamiento, entre mediados de septiembre y octubre, y que su canto está plenamente desarrollado apenas de 15 a 20 días al año. De ahí viene la idea popular de un ave que canta una sola vez al año. La expresión empleada es «canto bien desarrollado», y eso no equivale a un silencio absoluto durante el resto del año.
Para un pariente cercano, el cucarachero cantor de Centroamérica (Cyphorhinus phaeocephalus), Birds of the World registra que machos y hembras cantan todo el año para defender el territorio, y que los grupos mantienen territorios estables a lo largo del año. Para el uirapuru verdadero, la parte de Birds of the World de acceso público describe el canto de ambos sexos sin fijar un período corto de actividad.
Por eso, la afirmación de que el ave canta solo unas pocas semanas y luego calla debe tratarse como información de relatos de observadores, y no como un patrón medido en estudios de largo plazo. Un canto plenamente desarrollado y concentrado en la época reproductiva es plausible en muchas aves. La ausencia total de canto durante once meses es una afirmación mucho más fuerte, y exigiría grabaciones de largo plazo para establecerse.
Seis especies bajo un mismo nombre
La voz también ayuda a separar poblaciones. En 2016, Bocalini y Silveira publicaron en la revista Zootaxa una revisión taxonómica basada en 515 ejemplares de museo y 146 grabaciones. Los autores concluyeron que el antiguo uirapuru verdadero, tratado como una sola especie con varias subespecies, reúne en realidad seis especies válidas, todas endémicas de la cuenca amazónica: C. arada, C. transfluvialis, C. modulator, C. salvini, C. interpositus y C. griseolateralis. Los análisis vocales fueron especialmente informativos para reconocer las diferencias.
En la nomenclatura brasileña, WikiAves llama a C. arada uirapuru-da-guiana. Eso tiene una consecuencia práctica: el canto descrito en un punto de la Amazonía no vale necesariamente para otro, y toda generalización sobre el uirapuru tiene que indicar de qué población habla. Lo observado en una parte de la cuenca, sea sobre el momento del canto o sobre el comportamiento, no puede trasladarse sin más a las demás.
Selva baja, insectos y nido cubierto
Según WikiAves, el ave vive en el estrato inferior de los bosques húmedos, principalmente de tierra firme, el bosque de altura que nunca se inunda, pero también en várzea, el bosque inundable de las orillas de los ríos. Forrajea en el suelo, saltando entre la vegetación y capturando insectos, también sobre las hojas, y come frutos. De forma ocasional acompaña a las hormigas legionarias.
El nido es cubierto. La hembra pone de dos a cuatro huevos blancos, que eclosionan en unos 15 días, y los dos padres alimentan a los polluelos. Un nido cubierto y atendido por ambos padres encaja con la imagen de un ave tímida del sotobosque que pasa la vida junto al suelo de la selva.
De la leyenda a la grabación
La leyenda amazónica asocia el uirapuru con la suerte y el amor. El ornitólogo Johan Dalgas Frisch, que grabó el canto de la especie, contó que todo el mundo quería una pluma de uirapuru por la leyenda de prosperidad ligada al ave, según un texto de IAS Brasil sobre la grabación. La misma fuente afirma que su disco de cantos de aves permaneció 18 semanas consecutivas entre los más vendidos del país.
El compositor Heitor Villa-Lobos también escribió, en 1917, el poema sinfónico Uirapuru, inspirado en el folclore brasileño. La cultura atribuye significados a la voz del ave, mientras que la ciencia sigue acumulando datos sobre cuándo y cómo canta en cada población.
Entre una cosa y otra, conviene quedarse con lo documentado. El uirapuru verdadero es un ave pequeña de bosque húmedo, de canto musical producido por machos y hembras, cuya taxonomía y cuyo repertorio siguen siendo ordenados por los investigadores. La leyenda del canto único al año es una buena historia. Como afirmación sobre la biología del ave, debe mantenerse con cautela hasta que grabaciones de largo plazo muestren cuánto del año canta cada población.
Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia