Palomas, garzas, periquitos y otras aves urbanas pueden llevar en sus heces hongos capaces de provocar infecciones respiratorias serias. El riesgo aparece en plazas, parques y áreas urbanas arboladas donde los excrementos se acumulan y, después de secarse, se convierten en partículas que pueden ser inhaladas.
El problema, por lo tanto, va mucho más allá de la suciedad visible. Aunque una plaza parezca simplemente manchada por la presencia de aves, los residuos secos pueden dispersarse en el aire como polvo. Quien frecuenta esos lugares puede desconocer que el peligro está precisamente en las partículas que no se ven.
Dos hongos presentes en los residuos de aves
Dos hongos se destacan como los principales agentes de riesgo: Cryptococcus neoformans, causante de la criptococosis, y Histoplasma capsulatum, responsable de la histoplasmosis. Ambos pueden encontrarse en heces de aves acumuladas en el suelo de plazas, parques y espacios urbanos con árboles.
La contaminación ocurre cuando las partículas del suelo contaminado se dispersan y son inhaladas. No se trata de una infección que pase de una persona a otra. En el caso de estas dos enfermedades, la transmisión ocurre exclusivamente por la inhalación de partículas contaminadas.
La presencia de aves en una plaza, por sí sola, no describe todo el riesgo. La situación que exige mayor atención es la concentración de heces y su posterior secado. Cuando los residuos permanecen acumulados en el suelo, las partículas fúngicas pueden quedar disponibles para ser levantadas por el movimiento o por la limpieza en seco.
Criptococosis e histoplasmosis no son iguales
Cryptococcus neoformans está más asociado con las heces de garzas y palomas. Cuando los excrementos se secan y se convierten en polvo, el hongo puede dispersarse por el aire y ser inhalado. La infección resultante, la criptococosis, afecta primero a los pulmones.
En casos graves, la criptococosis puede avanzar hacia el sistema nervioso central. Por eso, la atención a los síntomas no debe limitarse a las manifestaciones respiratorias. Un cuadro que comienza en los pulmones puede adquirir mayor gravedad cuando aparecen señales relacionadas con el sistema nervioso.
Histoplasma capsulatum se encuentra en suelos enriquecidos con heces de distintas especies de aves. Entre las aves mencionadas están los periquitos, los estorninos y las palomas. La enfermedad causada por este hongo, la histoplasmosis, también comienza en los pulmones.
La histoplasmosis puede confundirse con neumonía o tuberculosis. En las regiones tropicales, su prevalencia es significativa. Esa semejanza con otras enfermedades respiratorias hace importante considerar el contacto con áreas donde se acumulan heces de aves cuando aparecen síntomas compatibles.
A pesar de que ambas enfermedades pueden comenzar en los pulmones, no deben tratarse como si fueran el mismo problema. Una está relacionada con Cryptococcus neoformans y la otra con Histoplasma capsulatum. También difieren las aves y los tipos de suelo con los que se las asocia en la descripción del riesgo.
Quiénes enfrentan una mayor exposición
Los niños que juegan en plazas son especialmente vulnerables. Suelen permanecer más cerca del suelo, donde la concentración de partículas es mayor, y todavía tienen el sistema inmunitario en desarrollo. El contacto con áreas donde se acumulan heces puede aumentar la exposición a las partículas que se levantan cuando los residuos se secan.
Las personas mayores, las embarazadas y quienes tienen enfermedades que afectan la inmunidad también enfrentan un riesgo elevado de evolucionar hacia cuadros graves. Entre las condiciones citadas están el VIH, el cáncer en tratamiento y el uso de medicamentos inmunosupresores.
La actividad de limpieza urbana también puede generar una exposición importante. Los trabajadores que barren plazas sin protección respiratoria están entre los grupos más expuestos porque el barrido en seco levanta justamente las partículas que pueden transportar los hongos.
En ese contexto, la forma de limpiar tiene relevancia. Un residuo que permanece en el suelo ya representa un problema cuando está acumulado, pero la varrienda en seco puede dispersar el material y aumentar la presencia de partículas en el aire. La protección respiratoria es especialmente importante para quienes realizan esa tarea.
Señales que merecen atención
Una tos seca que persiste durante más de dos semanas después de visitar áreas con acumulación de heces de aves merece atención. La fiebre baja, el cansancio y el dolor en el pecho también aparecen como señales iniciales tanto de la criptococosis como de la histoplasmosis.
Estos síntomas pueden parecer poco específicos, sobre todo porque ambas infecciones comienzan en los pulmones y una de ellas puede confundirse con neumonía o tuberculosis. La permanencia de la tos después del contacto con una plaza o un parque contaminado es un dato que no debe ignorarse.
Hay señales que exigen una búsqueda urgente de atención médica. Dolor de cabeza intenso, rigidez en la nuca o confusión mental pueden indicar que el hongo llegó al sistema nervioso central. En particular, estos síntomas se relacionan con la evolución grave de la criptococosis.
La relación con una zona contaminada no permite identificar por sí sola cuál es el hongo involucrado. Sin embargo, informar sobre la presencia de heces acumuladas y sobre el tiempo de evolución de la tos, la fiebre, el cansancio o el dolor en el pecho puede ser importante al buscar atención.
Cómo reducir el riesgo en plazas y parques
Evitar permanecer en lugares con acumulación visible de heces es la medida más sencilla. Cuando sea necesario atravesar esos espacios, el uso de una mascarilla PFF2 o N95 reduce significativamente el riesgo de inhalar partículas.
La limpieza también requiere cuidado. Nunca se deben barrer en seco las heces de aves. Lo correcto es humedecer el material con agua y con hipoclorito de sodio antes de retirarlo, para impedir que las partículas fúngicas se dispersen.
Esta recomendación es especialmente importante para los trabajadores de limpieza urbana, que están entre las personas más expuestas cuando barren plazas sin protección respiratoria. Humedecer el material antes de retirarlo evita que la limpieza levante justamente el polvo que puede contener los hongos.
Otra medida consiste en no alimentar a las aves urbanas en las plazas. La oferta de alimento atrae a más individuos y aumenta la concentración de heces en el lugar. Reducir esa concentración ayuda a evitar la acumulación de residuos que, al secarse, pueden convertirse en partículas suspendidas.
Las plazas cumplen una función cotidiana para niños, personas mayores y comunidades enteras, pero los espacios con residuos visibles de aves requieren precaución. Reconocer que el riesgo está en las partículas invisibles, y no solamente en la suciedad, permite evitar la exposición, prestar atención a los síntomas y realizar la limpieza de una forma más segura.
Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia