El cuiu-cuiu frota la espina de la aleta pectoral y produce un chirrido audible fuera del agua

El cuiu-cuiu produce un chirrido por estridulación, un mecanismo en el que la espina de la aleta pectoral roza contra una cavidad de la cintura. El contacto entre esas estructuras genera una vibración mecánica que se convierte en sonido, audible incluso fuera del agua. No se trata de una vocalización emitida por la boca, sino de un ruido creado por el movimiento de una parte rígida del cuerpo contra otra superficie.

El pez combina este mecanismo con una anatomía protegida por placas óseas, el hábito de permanecer cerca del fondo y la actividad nocturna. Esa asociación ayuda a entender por qué el sonido puede producirse durante el desplazamiento o el movimiento de las aletas en un ambiente de poca visibilidad. El chirrido es un efecto físico observable del roce, mientras que su función específica no debe darse por supuesta sin evidencia adicional.

El roce convierte el movimiento en sonido

La estridulación empieza cuando la espina de la aleta pectoral se mueve en relación con la cavidad ubicada en la cintura. Como las dos estructuras son rígidas, el desplazamiento no ocurre de manera completamente silenciosa. La espina encuentra resistencia, se desliza y produce una secuencia de pequeños roces. Esos contactos hacen vibrar las estructuras y originan el chirrido asociado al cuiu-cuiu.

El principio es parecido al ruido que se produce cuando una superficie dura es raspada por otra, pero ocurre en una configuración anatómica propia del pez. La aleta aporta el elemento móvil, la espina actúa como estructura rígida de contacto y la cavidad de la cintura participa en la producción del sonido. El agua modifica la propagación de las vibraciones, pero no impide que el mecanismo exista. Por eso el chirrido también puede percibirse cuando el animal está fuera del agua.

Espina y cintura forman el conjunto productor

La espina de la aleta pectoral no funciona solo como una vara aislada. Está integrada en la aleta y se relaciona con la cintura, la estructura que sostiene esa región del cuerpo. Cuando la aleta se mueve, la espina puede entrar en contacto con la cavidad de la cintura. La geometría de este conjunto determina el punto en que ocurre el roce y permite que una acción muscular se convierta en vibración.

El mecanismo depende de la coordinación entre partes móviles y rígidas. El pez no necesita abrir la boca ni expulsar aire para producir el chirrido. La energía del movimiento de la aleta se dirige hacia el contacto entre la espina y la cavidad, y el sonido aparece como resultado de esa interacción. La observación es importante porque diferencia la estridulación de otros ruidos acuáticos, como los ligados al paso del agua por el cuerpo o al desplazamiento de sedimentos en el fondo.

Placas óseas protegen el cuerpo en la vida de fondo

El cuerpo del cuiu-cuiu está cubierto por placas óseas, una característica que añade rigidez y protección a la superficie corporal. Esa cobertura no debe confundirse con un caparazón inmóvil que impediría cualquier movimiento. El pez sigue usando las aletas para desplazarse y ajustar su posición, mientras que las placas forman una capa de protección sobre el cuerpo.

La presencia de las placas ayuda además a comprender por qué el roce entre la espina y la cintura ocurre en un animal con varias estructuras rígidas. El cuerpo ofrece protección, pero conserva articulaciones y aletas capaces de moverse. En este arreglo, la defensa corporal y la producción del chirrido son aspectos distintos de la anatomía. Las placas óseas revisten al pez, mientras que el sonido depende específicamente del encuentro mecánico entre la espina de la aleta pectoral y la cavidad de la cintura.

La actividad nocturna cambia el contexto del mecanismo

El cuiu-cuiu tiene hábitos nocturnos y vive asociado al fondo. En ese período, la percepción de vibraciones y sonidos puede ganar importancia en un ambiente donde la luz es reducida, pero no es posible afirmar, solo por la existencia del chirrido, que el pez lo use con una finalidad determinada. Lo que sí es seguro es que el movimiento de las estructuras pectorales puede producir un sonido característico.

Durante la vida junto al fondo, el animal se mueve en una zona donde el contacto con el sustrato y la presencia de obstáculos forman parte del ambiente. La aleta pectoral participa en esos ajustes corporales, y su espina permanece unida al conjunto que puede generar la estridulación. El sonido, por lo tanto, está relacionado con una acción física del pez en su período de actividad. La noche aporta el contexto de comportamiento, pero no autoriza a atribuir al chirrido una función de comunicación, defensa u orientación sin estudios específicos.

El chirrido no debe confundirse con una vocalización

Una vocalización es producida por órganos y movimientos asociados a la emisión de sonidos, mientras que la estridulación del cuiu-cuiu nace del roce entre estructuras corporales rígidas. La distinción es esencial para describir correctamente el comportamiento. El pez no necesita crear el sonido con las branquias ni con la boca. La espina de la aleta pectoral y la cavidad de la cintura son los componentes directamente involucrados.

También es importante separar la producción del ruido de su posible función ecológica. El mecanismo muestra cómo se genera el sonido, pero no revela por sí solo si sirve para alejar a otro animal, señalar presencia, favorecer el contacto entre individuos o cumplir cualquier otra tarea. Sin una demostración específica, el chirrido debe tratarse como una señal acústica producida por el roce. Esa cautela evita convertir una explicación anatómica comprobable en una interpretación de comportamiento sin base.

Un pez de fondo que revela funciones en su propio movimiento

La combinación de placas óseas, aleta pectoral con espina, cintura y actividad nocturna muestra cómo distintas características pueden actuar en un mismo animal sin tener necesariamente la misma función. Las placas protegen el cuerpo, el movimiento de las aletas permite la locomoción y el contacto de la espina con la cavidad produce el chirrido. El resultado es un conjunto corporal en el que la defensa, el desplazamiento y la producción de sonido aparecen relacionados por la anatomía.

Para el ambiente de fondo, observar este mecanismo amplía la forma de reconocer la presencia del cuiu-cuiu. No todas las señales de la fauna dependen de colores visibles o de vocalizaciones convencionales. Un ruido producido por una estructura corporal también forma parte de la experiencia del animal en su hábitat. Al mismo tiempo, el chirrido no debe usarse de forma aislada para definir el papel ecológico de la especie. Ofrece una pista sobre su mecánica corporal y sobre la interacción entre forma, movimiento y vida nocturna.

El cuiu-cuiu muestra que un sonido puede nacer de una acción corporal simple, sin depender de una voz. El chirrido surge cuando la espina de la aleta pectoral encuentra la cavidad de la cintura, mientras las placas óseas protegen el resto del cuerpo. En la oscuridad, donde la vista pierde alcance, cada contacto entre estructuras puede revelar una dimensión del ambiente que normalmente pasa inadvertida.

Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia

Anne Silva
Editora · Amazonia Mag

Anne Silva es la editora de Amazonia Mag, la edición internacional de Revista Amazônia. Selecciona, traduce y adapta la cobertura de ciencia y medio ambiente del medio para lectores de habla hispana, con foco en la fauna, la flora, los ríos y la investigación de la Amazonía. Cada historia que edita se basa en estudios revisados por pares, datos oficiales y reportajes de la redacción de Revista Amazônia en Belém, Pará, Brasil. Más de Anne Silva →

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