Entre hojas, raíces y ramas caídas, un grupo de trompeteros avanza en fila, acelera de repente y cambia de dirección como una sola unidad. La escena puede parecer un baile, pero forma parte de la vida social de un ave especializada en el suelo de la selva. El trompetero, llamado jacamim en Brasil, pertenece al género Psophia, presente en la Amazonía y en otras áreas boscosas de Sudamérica.
Su cuerpo es relativamente robusto, sus patas son fuertes y sus alas, cortas y redondeadas, no favorecen los vuelos largos. En lugar de permanecer en lo alto del dosel, corre por el sotobosque en busca de alimento, acompaña a los integrantes del grupo y cruza pequeños claros con zancadas rápidas.
Un ave que prefiere correr
El vuelo no ha desaparecido de la vida del trompetero. El ave puede alzar el vuelo para escapar de una amenaza, alcanzar una percha baja o sortear un obstáculo, pero no depende de él para la mayor parte de sus desplazamientos diarios. La combinación de patas adaptadas a la marcha y alas usadas en saltos breves ayuda a explicar por qué se observa al animal pegado al suelo.
Desplazarse en grupo también reduce el riesgo de que un individuo quede aislado, mantiene unidos a los miembros y permite que las señales sonoras circulen con rapidez por la selva. El resultado es una sociedad ruidosa y coordinada, en la que correr, vocalizar y acompañar a los compañeros forman parte de la misma estrategia de supervivencia.
El baile mantiene unido al grupo
El comportamiento descrito como baile reúne carreras cortas, acercamientos y movimientos coordinados entre varios trompeteros. Los individuos pueden seguirse por el suelo, detener la marcha y reanudarla casi al mismo tiempo. No hace falta atribuir una intención aislada a cada movimiento para reconocer su función social. En las aves que viven en grupo, la proximidad ayuda a mantener el contacto, refuerza la identidad de la bandada y facilita la defensa ante las amenazas.
El movimiento colectivo también puede dificultar que un depredador elija una presa, aunque el beneficio exacto varía según el contexto y la especie de trompetero observada. El grupo no es una simple reunión ocasional de aves adultas. Funciona como una unidad que se desplaza, busca alimento, reacciona ante el peligro y participa en la crianza de los jóvenes.
El repertorio vocal desempeña un papel central en esta coordinación, porque la vegetación densa limita la vista incluso cuando los animales están a pocos metros unos de otros. Los llamados ayudan a señalar dónde están los individuos que se quedaron atrás, a reunir a la bandada tras una interrupción y a organizar la respuesta ante un riesgo. El baile puede entenderse como parte de una comunicación corporal más amplia, combinada con sonidos y desplazamientos. El suelo de la selva se convierte en un espacio de convivencia, no solo en una zona de paso.
Varios adultos alimentan al mismo polluelo
La reproducción cooperativa es uno de los rasgos más llamativos del trompetero. En lugar de que toda la responsabilidad recaiga en la pareja reproductora, más de un adulto participa en la alimentación de los polluelos. Los ayudantes acompañan a los jóvenes, les entregan alimento y contribuyen a que la prole siga integrada en el grupo durante los desplazamientos por el suelo.
Este sistema reparte tareas entre individuos con distintos papeles sociales y permite que los polluelos reciban cuidados incluso cuando los adultos reproductores no están disponibles en ese momento.
Que los polluelos se críen en el suelo de la selva no significa que el nacimiento ocurra necesariamente en un nido abierto sobre la tierra. Los trompeteros usan cavidades y estructuras protegidas para reproducirse, y los jóvenes empiezan a acompañar a los adultos cuando salen del refugio. A partir de ahí, el grupo puede conducirlos por senderos entre la hojarasca y la vegetación baja, ofreciéndoles alimento y protección.
La vida terrestre exige atención constante, porque los depredadores pueden acercarse desde distintas direcciones. La crianza colectiva amplía el número de ojos y oídos atentos y crea una red de cuidado que involucra a más individuos que los padres biológicos. Aun así, el grado de participación de los ayudantes puede variar entre grupos y especies.
La alarma atraviesa la comunidad del bosque
Cuando el trompetero detecta una amenaza, sus llamados de alarma pueden movilizar al grupo antes de que todos hayan visto el peligro. La vocalización es especialmente importante en una selva donde troncos, hojas y bejucos bloquean la visión. Un individuo percibe el riesgo y emite la señal; los demás pueden detener la marcha, acercarse, esconderse o cambiar de dirección. La respuesta no depende solo del tamaño del animal ni de la distancia al depredador. El sonido permite que la información viaje por el ambiente y llegue a compañeros que están fuera del campo visual.
Otras especies de la selva también pueden aprovechar esa alarma. Al reconocer una vocalización asociada a la presencia de peligro, animales ajenos al grupo pueden ponerse más alerta o buscar refugio. Esto se conoce como escucha de señales producidas por otra especie y convierte al trompetero en una fuente de información para la comunidad del sotobosque. La relación no necesita ser intencional para beneficiar a quienes escuchan. El trompetero emite el llamado para proteger u organizar a su grupo, mientras que otras aves y animales interpretan el sonido según sus propias necesidades. La selva funciona como una red de señales compartidas, en la que un mensaje puede ir más allá de los límites de quien lo produjo.
Un comportamiento ligado a la selva amazónica
En la Amazonía brasileña, observar trompeteros significa seguir una parte poco visible de la biodiversidad: la que se mueve bajo el dosel y depende de la continuidad del bosque para correr, vocalizar y encontrar refugio. Los trompeteros viven en ambientes forestales donde el suelo ofrece una cobertura de hojas, raíces y vegetación baja. La pérdida de ese sotobosque podría afectar no solo la alimentación, sino también las rutas que usan los grupos y la protección de los polluelos.
Como el ave depende de interacciones sociales intensas, la conservación debe considerar el espacio donde los individuos se encuentran, y no solo puntos aislados de árboles altos. El nombre común abarca especies cercanas, y detalles como la vocalización, el tamaño del grupo y la participación de los ayudantes pueden cambiar según la especie y el entorno.
Lo que permanece como hilo común es la combinación de patas usadas para correr, una vida social organizada, la reproducción cooperativa y alarmas que pueden oír los vecinos de otras especies. En el suelo de la selva, la supervivencia no depende solo de que un individuo sea rápido o atento, sino de que muchos animales compartan espacio, señales y responsabilidades.
Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia