La curicaca hunde su pico largo y curvo en el suelo encharcado para buscar alimento. Cuando la punta penetra en el barro o en la tierra blanda, terminaciones sensoriales ayudan a detectar presas escondidas, de modo que el ave encuentra su objetivo por el tacto durante el sondeo, sin depender de la vista para confirmar cada movimiento.
Ese método convierte pantanos, campos húmedos y orillas de zonas inundables en terrenos de forrajeo. La curicaca, conocida en español como bandurria boreal, camina despacio, introduce el pico en distintos puntos y saca pequeños animales del sustrato. Al amanecer, las bandadas suelen levantar vuelo con una vocalización característica, desplazándose entre las áreas de alimentación y los lugares de descanso.
La punta del pico funciona como un sensor en el barro
El pico de la curicaca es largo y se curva hacia abajo, una forma que facilita la entrada en grietas, bolsas de tierra suelta y capas superficiales de lodo. El extremo no sirve solo para sujetar el alimento. También contiene terminaciones sensoriales capaces de registrar el contacto con el sustrato y las señales mecánicas que produce algo que se mueve bajo la superficie.
Durante la búsqueda, el ave baja la cabeza e introduce la punta del pico en el suelo con movimientos cortos. La presión contra la tierra aporta información sobre la resistencia del material, mientras que un desplazamiento inesperado puede indicar la presencia de una presa. La curicaca no necesita ver directamente al animal para iniciar la captura. El tacto orienta la apertura y el cierre del pico, sobre todo cuando el agua turbia, el barro o la vegetación baja impiden ver con nitidez lo que hay debajo.
La curvatura combina alcance y precisión
La curva del pico amplía la capacidad de explorar el suelo sin que el ave tenga que remover grandes superficies. En lugar de levantar una capa extensa de barro, la curicaca hace perforaciones puntuales y revisa varios sitios cercanos. Este patrón reduce el gasto de energía y permite seguir la distribución irregular de las presas, que pueden concentrarse en puntos con más humedad o más materia orgánica.
El pico también actúa como herramienta de captura una vez percibido el estímulo táctil. El ave mueve la cabeza, reposiciona la punta y cierra las mandíbulas sobre el animal encontrado. La precisión depende de la combinación entre sensibilidad y coordinación muscular. La longitud del pico mantiene los ojos lejos del punto de contacto, y la curvatura ayuda a retener organismos que intentan escapar hacia el interior del suelo o entre pequeños restos vegetales.
El tacto gana importancia cuando la presa está oculta
La curicaca recurre a este comportamiento sobre todo en lugares donde el alimento no está expuesto en la superficie. El suelo blando, el pantano y el campo húmedo ofrecen condiciones para que los animales pequeños se escondan bajo hojas, raíces, terrones y sedimentos. En esos ambientes, buscar solo con los ojos sería insuficiente, porque la presa puede permanecer inmóvil, tener un color parecido al del barro o quedar parcialmente cubierta por agua poco profunda.
El sondeo táctil permite explorar el entorno incluso cuando la visibilidad es reducida. El ave no tiene que esperar a que el alimento se mueva sobre el suelo para reaccionar. Prueba el sustrato, identifica diferencias en el contacto y decide si vale la pena insistir en un punto determinado. La estrategia también puede alternarse con la captura de presas visibles, según la profundidad del agua, la consistencia del barro y la presencia de vegetación que dificulte el desplazamiento.
Usar el tacto ofrece una ventaja, porque pone al alcance una parte del alimento que otras aves no pueden obtener con facilidad. Las presas enterradas u ocultas siguen disponibles cuando no hay insectos expuestos sobre hojas y tallos. La curicaca puede aprovechar los cambios en la humedad del suelo y buscar en lugares recién anegados, donde la superficie resulta más fácil de penetrar.
Esa flexibilidad ayuda a la especie a ocupar paisajes abiertos con distintas condiciones de agua. Los campos húmedos, los pastizales inundables, las orillas de lagunas y los pantanos no forman un ambiente uniforme. La textura del suelo puede cambiar en pocos metros, igual que la cantidad de materia orgánica y la concentración de animales pequeños. Un pico sensible permite probar esas variaciones sin que el ave tenga que abandonar por completo una zona cada vez que la presa deja de verse.
La curicaca comparte el ambiente con otras especies
Al buscar alimento en el suelo, la curicaca participa en la dinámica de comunidades formadas por aves, insectos, pequeños invertebrados y organismos que viven entre el agua y la tierra. La extracción de presas altera puntos específicos del sustrato, pero el ave no transforma todo el pantano. Su forrajeo ocurre por manchas y combina sondeos con desplazamientos por la superficie, de modo que la búsqueda se mantiene asociada a lugares donde el suelo ofrece la resistencia adecuada.
El comportamiento también muestra cómo especies que usan el mismo campo húmedo pueden aprovechar recursos diferentes. Algunas aves capturan animales en el agua, otras recogen presas expuestas o buscan en la vegetación. La curicaca concentra parte de la búsqueda en el contacto entre el pico y el suelo, lo que reduce el solapamiento con técnicas basadas en la persecución visual en la columna de agua. La coexistencia depende de las condiciones del ambiente y de la variedad de microhábitats disponibles en cada zona.
El vuelo en bandada conecta las áreas de alimentación
La curicaca es conocida por una vocalización fuerte y característica, especialmente perceptible cuando los grupos vuelan al amanecer. El desplazamiento colectivo puede unir las áreas de descanso con los campos húmedos y pantanos usados para alimentarse. En el aire, las aves mantienen la comunicación mediante llamados, mientras que en el suelo cada individuo realiza su propio sondeo y su propia captura, ajustando el recorrido según encuentra puntos favorables.
Esta rutina evidencia la relación entre comportamiento y paisaje. La curicaca depende de áreas abiertas donde pueda caminar, de un suelo lo bastante blando para que entre el pico y de lugares donde las presas sigan al alcance. Cuando esas condiciones aparecen en distintos tramos, el vuelo le permite explorar una red de ambientes cercanos. El ave no solo ocupa el pantano: también lleva su actividad de forrajeo entre campos húmedos, orillas y otras áreas abiertas del bioma.
Ver una curicaca en el barro puede parecer una escena sencilla, pero la punta del pico revela una forma precisa de percibir el entorno. Mientras la vista identifica el espacio que rodea al ave, el tacto informa de lo que permanece oculto bajo la superficie. Esa división de funciones recuerda que la vida en los humedales no depende solo de lo que está a la vista. Muchas relaciones ecológicas ocurren en el intervalo entre el agua, el suelo y la materia orgánica, donde un ave puede encontrar alimento con un toque antes incluso de verlo.
Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia