La anguila del lodo, conocida en Brasil como múçum (Synbranchus marmoratus), consigue permanecer fuera del agua porque realiza respiración aérea mediante la mucosa de la boca y de la faringe. Ese mecanismo permite al pez atravesar tierra húmeda y barro cuando la charca donde vive empieza a secarse, hasta alcanzar otro punto con agua disponible.
El cuerpo cilíndrico, sin aletas pectorales, ayuda a explicar su aspecto alargado y la forma en que se desplaza por pantanos y terrenos encharcados. Además de respirar fuera del agua, la anguila del lodo cambia de sexo a lo largo de su vida, una característica que amplía sus posibilidades reproductivas en ambientes donde las condiciones pueden variar con rapidez.
Cómo respira la anguila del lodo fuera del agua
En la mayoría de los peces, el agua debe pasar por las branquias para que se aproveche el oxígeno. La anguila del lodo, sin embargo, también usa la mucosa que reviste la boca y la faringe para intercambiar gases con el aire. Esa superficie interna húmeda entra en contacto con el oxígeno atmosférico cuando el animal permanece fuera del agua, y mantiene la respiración mientras se desplaza por un terreno mojado.
La respiración aérea no significa que el pez deje de depender de la humedad. La mucosa necesita mantenerse húmeda para funcionar, por eso el cruce ocurre sobre barro, suelo encharcado o tierra húmeda, y no sobre una superficie completamente seca. El mecanismo ofrece un margen de supervivencia cuando el agua retrocede, pero depende de condiciones que eviten que el cuerpo y las superficies respiratorias se resequen.
El cuerpo alargado favorece el cruce por el barro
El cuerpo de la anguila del lodo es cilíndrico y alargado, sin aletas pectorales. Esa conformación diferencia al animal de muchos peces de cuerpo más alto y con estructuras laterales usadas para estabilizar la natación. En un ambiente de pantano, la forma estrecha permite que el pez avance por espacios apretados entre el barro, la vegetación baja y el material húmedo acumulado en el terreno.
Durante el cruce, el cuerpo hace el trabajo principal de impulso y orientación. El pez no necesita quedar limitado a un canal abierto para moverse entre zonas inundadas, porque su anatomía permite movimientos cercanos a los de un animal alargado que busca paso por el sustrato. La ausencia de aletas pectorales es un dato importante para entender por qué su locomoción se ve distinta de la de las especies que nadan en aguas más abiertas.
Cuando el agua se seca, el pez busca otra zona húmeda
El paso por tierra húmeda ocurre cuando el agua de la charca o del pantano empieza a desaparecer. En lugar de quedar restringida al punto que se está secando, la anguila del lodo puede aprovechar su capacidad de respirar aire y avanzar por el suelo mojado hasta encontrar otro lugar con agua. El cruce convierte la humedad continua del terreno en una ruta entre ambientes acuáticos temporales.
Este comportamiento está ligado a la variación natural de los pantanos y de las zonas de barro. La cantidad de agua puede disminuir, concentrar a los animales en espacios pequeños y separar una charca de otra. Para la anguila del lodo, respirar por la boca y la faringe crea una alternativa cuando permanecer sumergida deja de ser posible. La humedad del suelo funciona, en ese momento, como condición de desplazamiento y también como protección contra la pérdida excesiva de agua.
El cambio de sexo acompaña su historia de vida
La anguila del lodo también se distingue por cambiar de sexo a lo largo de su vida. Esta transformación no es un detalle aislado de su anatomía, sino una característica ligada al modo en que la especie organiza la reproducción. El animal pasa por distintas condiciones durante su crecimiento, y su función reproductiva puede modificarse con el tiempo.
En una especie que vive en ambientes sujetos a cambios en la cantidad de agua, la flexibilidad reproductiva tiene importancia biológica. El cambio de sexo permite que los individuos participen en la reproducción en fases distintas de la vida, sin que sea necesario tratar a todos los animales como equivalentes en edad y función. El mecanismo no debe confundirse con un cambio instantáneo provocado por una sola charca seca. Es una característica del ciclo de vida de la anguila del lodo.
Charcas, pantanos y barro conectados
Cuando atraviesa un tramo húmedo, la anguila del lodo amplía el espacio que puede ocupar dentro del pantano. La especie no queda limitada a una única cavidad llena de agua, porque puede desplazarse entre puntos cercanos mientras baja el nivel. Ese movimiento conecta pequeñas áreas que, para peces sin respiración aérea, podrían quedar aisladas en cuanto desapareciera la lámina de agua.
La presencia de la anguila del lodo en distintos puntos del ambiente también pone al pez en contacto con condiciones variadas de refugio y alimentación. El pantano, en este caso, no es solo un conjunto de zonas inundadas. El barro y la tierra mojada también forman parte del espacio que utiliza el pez.
El ambiente húmedo determina los límites del mecanismo. Los pantanos y las zonas de barro ofrecen a la anguila del lodo las condiciones necesarias para combinar respiración aérea y desplazamiento fuera del agua. La mucosa de la boca y de la faringe necesita conservar la humedad, y el cuerpo cilíndrico necesita un sustrato que permita avanzar. Por eso, la capacidad de cruzar tierra no convierte al pez en un animal terrestre permanente.
El comportamiento revela una doble dependencia. La anguila del lodo necesita el agua para vivir como pez, pero puede recurrir al aire y al suelo húmedo cuando el agua resulta insuficiente en un punto del pantano. Esa combinación ayuda a comprender por qué la conservación de las zonas anegadas debe considerar también las franjas de barro y de tierra encharcada que las conectan. Para la especie, preservar solo la charca sin mantener el entorno húmedo puede reducir las posibilidades de desplazamiento entre ambientes.
La anguila del lodo muestra que la frontera entre el agua y la tierra puede ser menos rígida de lo que parece. Su respiración por la boca y la faringe le permite atravesar la humedad del suelo, mientras que el cambio de sexo añade otra capa de flexibilidad a su ciclo de vida. Observar a este pez es reconocer que la supervivencia en los pantanos depende de mecanismos combinados y no de una única adaptación. Cuando una charca se seca, el barro aún puede guardar un paso, siempre que el ambiente mantenga las condiciones que sostienen ese cruce.
Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia