Un angelim rojo de 88,5 m surgió en imágenes de satélite; los científicos llegaron 3 años después

En 2019, imágenes de satélite usadas en un mapeo tridimensional de la selva indicaron la presencia de árboles con una altura muy superior a lo habitual en el sur de Amapá, en la Amazonia brasileña. Entre los puntos identificados había un angelim rojo que, años después, sería medido con 88,5 metros. Esa marca lo convirtió en el árbol más alto conocido de la Amazonia. La historia comenzó lejos del tronco, de la copa y del suelo donde crecía el árbol. Primero apareció como una lectura excepcional en datos de teledetección. Después pasó a orientar una investigación de campo en un bosque estatal ubicado entre Pará y Amapá.

Una copa muy por encima de lo habitual apareció en el mapa

La investigación partió de los estudios del profesor Eric Bastos, realizados con grupos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el Inpe. El mapeo en tres dimensiones permitió reconocer árboles que se destacaban por su altura, pero la imagen no sustituía la verificación directa. Era necesario llegar al punto indicado, identificar la especie y medir al ejemplar con métodos apropiados.

Hasta esa verificación, la copa alta era solo una hipótesis. La teledetección podía indicar que algo fuera de lo común sobresalía del dosel, pero no podía decir de qué especie se trataba, qué grosor tenía su tronco ni si la lectura era exacta. Cada una de esas respuestas debía venir del terreno.

De este modo, el registro pasó de una señal captada a distancia a una etapa de confirmación en el terreno. La secuencia también muestra cómo distintas herramientas pueden combinarse para localizar estructuras que la selva mantiene parcialmente ocultas bajo el dosel.

La expedición tardó tres años en llegar al tronco

Al árbol se llegó en 2022, cuando una expedición del Proyecto Árboles Gigantes (Projeto Árvores Gigantes) alcanzó el lugar señalado por los estudios iniciados en 2019. Tres años separaron la identificación remota de la llegada de los científicos al ejemplar. En ese tiempo, la información dejó de ser solo una coordenada asociada a una copa alta y pasó a investigarse directamente en un bosque estatal entre los dos estados amazónicos.

La expedición fue el momento en que el equipo pudo comprobar al ejemplar, observar su estructura y aplicar instrumentos de medición en el propio lugar.

El trabajo de campo usó dos procedimientos distintos. La altura se midió con Lidar, una tecnología capaz de obtener información de distancia y relieve mediante pulsos de luz. La circunferencia del tronco se verificó con una cinta. La combinación de los métodos permitió registrar dimensiones distintas del mismo árbol, sin tratar la altura estimada en las imágenes como resultado final.

El trabajo reunió al Proyecto Árboles Gigantes y a instituciones que apoyaron la investigación, entre ellas la Fundación Jari, la Universidad de Swansea, Norte Solar, el Imazon, el Instituto Federal de Amapá y la Universidad Federal de los Valles de Jequitinhonha y Mucuri.

El angelim rojo alcanzó los 88,5 metros

El ejemplar identificado es un angelim rojo (angelim-vermelho), especie cuyo nombre científico es Dinizia excelsa. La medición registró 88,5 metros de altura, una marca que lo coloca por encima de los demás árboles amazónicos conocidos en el estudio. El tronco también presentó 9,9 metros de circunferencia, medida obtenida con cinta durante la expedición. Estas cifras definen el registro en dos dimensiones diferentes: la altura revela la posición de la copa en relación con el suelo, mientras que la circunferencia informa el tamaño del tronco en el punto medido.

La palabra más importante para interpretar el resultado es «conocido». Según los datos de la investigación, el angelim rojo es el árbol más alto registrado entre los conocidos en la Amazonia, pero la clasificación depende de mediciones verificadas y de los ejemplares localizados hasta ese momento. La imagen de satélite fue decisiva para encontrar árboles fuera del patrón, pero la confirmación exigió Lidar y medición en el terreno.

Tampoco debe convertirse la marca de 88,5 metros en una altura típica de la especie o de la selva. El número corresponde a un individuo específico, medido en un área determinada.

Un descubrimiento hecho en dos escalas

El resultado conecta dos escalas de observación de la Amazonia. Desde lo alto, el mapeo tridimensional identificó señales de copas que se destacaban en el sur de Amapá. En el suelo, la expedición encontró al angelim rojo y confirmó sus dimensiones. La consecuencia es un registro concreto del mayor árbol amazónico conocido, además de una demostración del papel de la teledetección para localizar ejemplares que serían difíciles de buscar solo mediante desplazamientos al azar en la selva. El descubrimiento no ocurrió en un único instante, sino en una cadena formada por análisis de imágenes, planificación, desplazamiento y medición.

El caso también acerca la tecnología a la investigación de campo sin sustituir la observación directa. El satélite señaló el área, el Lidar midió la altura y la cinta registró la circunferencia. Cada recurso respondió a una parte del problema y produjo un resultado verificable para ese individuo.

Entre 2019 y 2022, una ocurrencia detectada en datos espaciales se transformó en un árbol identificado, ubicado entre Pará y Amapá y registrado con 88,5 metros. Una copa que apareció primero como una diferencia en el mapa pasó a tener especie, tronco y medida. En la Amazonia, conocer un árbol también puede comenzar muy por encima de él, en el espacio donde la selva se vuelve imagen.

Reportaje: Natália Santos / Revista Amazônia

Anne Silva
Editora · Amazonia Mag

Anne Silva es la editora de Amazonia Mag, la edición internacional de Revista Amazônia. Selecciona, traduce y adapta la cobertura de ciencia y medio ambiente del medio para lectores de habla hispana, con foco en la fauna, la flora, los ríos y la investigación de la Amazonía. Cada historia que edita se basa en estudios revisados por pares, datos oficiales y reportajes de la redacción de Revista Amazônia en Belém, Pará, Brasil. Más de Anne Silva →

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